Desayuno con Antonio Brosed

Mis primeros contactos con Antonio Brosed Serreta (Zaragoza, 1937) fueron indirectos. El primer libro que pusieron en mis manos cuando llegué al hospital, naturalmente para que me lo estudiase, fue “Procedimientos recomendados para la dosimetría de fotones y electrones de energías comprendidas entre 1 y 50 MeV en radioterapia de haces externos” (bueno, entre nosotros y ahora que no nos está leyendo Antonio, vamos a abreviar diciendo “Protocolo español de dosimetría”). Poco después, recuerdo el cuidado con que Manuel Vilches preparó su viaje a Madrid para calibrar el equipo ionométrico que usábamos como patrón local en nuestro hospital; diligencia que no se debió solamente al carácter cuidadoso para con su trabajo de Manolo: la calibración la iba a realizar con Brosed y, naturalmente, quería causarle una buena impresión. Algunos meses más tarde pude poner cara a ese tótem de la física médica española del que todos hablaban, cuando Manolo me lo señaló de lejos en una reunión tras un curso: “Aquel es Brosed”; y en su tono quedó clara la admiración que profesaba a Antonio mi admirado amigo.

El protagonista de nuestra entrevista.

El protagonista de nuestra entrevista.

Veinte años después ya no seguimos en nuestros hospitales el “Protocolo español de dosimetría”, aunque lo empleamos por motivos docentes. Tampoco podemos ir a “calibrar con Brosed”, dada su jubilación en el año 2007. Antonio celebró ese año su cumpleaños en Granada, durante el Congreso de la SEFM, y no crean que se aprovechó entonces para entregarle la Medalla de Oro de la Sociedad; por una vez las cosas se habían hecho con tiempo suficiente, pues tiene esta distinción desde 2001.

Antonio Brosed sigue prestando servicios a nuestra Sociedad en varias tareas como la edición de la colección “Fundamentos de física médica”, su pertenencia a la Comisión Científica o su participación en los “Cursos de Baeza”. Por suerte para mí, a ese respeto y admiración se suman hoy la amistad y el trabajo en común, posibles por su cercanía y disposición; basta mencionar que su frase de despedida en los correos que intercambia con los colegas es “Un abrazo, y hasta cuando queráis”.

P. Pocos de nuestros lectores saben que fuiste un dotado deportista que practicó el fútbol y el balonmano en su juventud, ¿qué te ha aportado el deporte para el resto de facetas de tu vida?

R. Respecto a lo de dotado, puedo decir que no era el único, pues iba a un colegio de Zaragoza con patios de considerable extensión dedicados al deporte, con un director, podríamos decir deportivo, entusiasta al límite, y si a eso añadimos un mínimo de cualidades pues no resultó muy difícil entusiasmarse.

La afición al deporte, y ya más concretamente al balonmano, continuó en la Universidad y aunque en bastantes ocasiones la pagaron los estudios, siempre me divirtió y lo consideré una buena inversión. Además de conservar una buena salud física, creo que aportó salud mental, equilibrio emocional, convivencia personal en equipo, espíritu de servicio y seguramente otras cosas más. Esto no quiere decir que asimilara del todo todas estas aportaciones, pero creo que no me puedo quejar.

Las personas que me acompañan con la copa son José Manuel Sebastián Audina (izda) y Félix Herrarte Lacasa, compañeros de clase en el Colegio y, los dos, deportistas tan "dotados" como yo. La copa es la de campeones de fútbol (HH Corazonistas de Zaragoza) en los entonces llamados Juegos Escolares Nacionales de 1952, creo. La foto está tomada  en la Ciudad Universitaria de Madrid. Recuerdo que ganamos al Colegio del Pilar de Madrid por 1-0 en la final.

Las personas que me acompañan con la copa son José Manuel Sebastián Audina (izda) y Félix Herrarte Lacasa, compañeros de clase en el Colegio y, los dos, deportistas tan “dotados” como yo. La copa es la de campeones de fútbol (HH Corazonistas de Zaragoza) en los entonces llamados Juegos Escolares Nacionales de 1952, creo. La foto está tomada en la Ciudad Universitaria de Madrid. Recuerdo que ganamos al Colegio del Pilar de Madrid por 1-0 en la final.

P. Pudiste quedarte en el Bureau International des Poids et Mesures (BIPM) tras ser destinado allí cuando pertenecías a la Junta de Energía Nuclear (JEN), hoy CIEMAT, y haber desarrollado tu carrera en el extranjero, ¿qué te impulsó a rechazar esa posibilidad?

R. Siguiendo la costumbre de la época, al menos en la JEN, cuando se trataba de implantar en el país un determinado campo de actuación se enviaba una persona, ya con cierta experiencia, a aprender lo básico y algo más a un centro de reconocido prestigio, obviamente con la aquiescencia de este centro. Formado en electrónica nuclear y sin ninguna experiencia en metrología, fui el elegido por la Dra. Vigón para ir al BIPM para aprender la metrología de rayos X y gamma bajo la dirección del Prof. A. Allisy, presidente que fue de ICRU. Estuve 22 meses, creo que quedaron contentos de mi trabajo, pero el objetivo de mi aprendizaje estaba claro: establecer a la vuelta en España en 1968 la metrología de rayos X y gamma en niveles de terapia, en un primer paso.

Cuando llegó la proposición, aun con algún matiz, no vi justo ni ético el anteponer mi interés personal al de mi país que había pagado mi formación en metrología, dejándolo sin la ocasión, de las pocas que podía disfrutar en aquellos tiempos, de comenzar a poner los cimientos de la metrología en el área de la dosimetría, tan importante para los centros hospitalarios.

El "Pleno de la sección 1ª del CCEMRI (Consultative Committee for Standards of Measurement of Ionizing Radiations) a la puerta del pabellón de Bréteuil.

El “Pleno de la sección 1ª del CCEMRI (Consultative Committee for Standards of Measurement of Ionizing Radiations) a la puerta del pabellón de Bréteuil.

P. De la primera campaña de calibración de cámaras de ionización usadas en radioterapia, que tú dirigiste en 1978, el desaparecido Carlos Enrique Granados afirmó: “Considero aquella campaña como el fundamento de la madurez de la física médica española”. ¿Qué significó para ti esta campaña, Antonio?

R. Con el filtro que supone haber transcurrido más de 35 años, supongo que su significado fue el de una enorme satisfacción, pues fue como poner la primera piedra, digamos de la trazabilidad, en un edificio cuyos inquilinos primeros fueron esa docena de hospitales que acudieron. No cabe ninguna duda que aquellas conversaciones con los físicos responsables de esos conjuntos, sobre sus problemas y también sobre lo que significaba el proceso de calibración y en general sobre las medidas, fue realmente el comienzo de unas relaciones de enorme futuro e interés o si se quiere, el comienzo de la madurez de la física médica, como decía Carlos Enrique, pues tanto él como yo, siempre nos consideramos unos físicos médicos más. Hay que decir que esas conversaciones personales tan fructíferas para ambas partes, JEN(CIEMAT) y SEFM, sentaron la obligatoriedad desde entonces, de que los equipos a calibrar fueran siempre acompañados de sus responsables físicos.

P. El “Protocolo español de dosimetría” de 1984 y 1987: “Procedimientos recomendados para la dosimetría de fotones y electrones de energías comprendidas entre 1 MeV y 50 MeV en radioterapia de haces externos” es un trabajo internacional de primer orden que, sin duda, supuso un progreso fundamental de nuestra profesión. Como director del comité que lo produjo cabría preguntarte: ¿cómo viviste su gestación? ¿Cuál fue la proyección de este trabajo sobre ese Comité?

R. El inicio de esa gestación se produjo en el Congreso de la SEFM de 1979 en Jaca organizado magníficamente por Juan Yarza y Santiago Millán, entre otros. Al cabo de unos meses se constituyó lo que se denominó entonces, el Comité de Dosimetría en Radioterapia (CDR), que tuve el privilegio de coordinar, para elaborar a lo largo de unos 4 años ese “Protocolo español de dosimetría”. Ahora, después de unos 30 años, ese trabajo lo recuerdo como el objetivo de grupo más ilusionante que he tenido en mis manos, como unos trabajos y discusiones interminables en los fines de semana y, por qué no decirlo, con los premios de unas cenas en Oviedo, S. Sebastián, Cádiz, Zaragoza, etc., que nos reconfortaban para coger el hilo de los temas, en el fin de semana siguiente. Tuve la inmensa satisfacción de contar con 6 personas altruistas en todos los sentidos, incluido el económico, muy competentes en sus áreas de conocimiento y con buen talante para aguantar mis exigencias y mi látigo, según decían ellos.

Sobre la proyección que tuvo este trabajo sobre el Comité, fue naturalmente muy satisfactoria, después de recibir parabienes en varios foros internacionales. Recuerdo que hasta nos pidieron traducirlo al inglés. Pedro Andreo, después del Protocolo, siguió publicando sus trabajos en el ámbito internacional, aplicando de manera magistral Monte Carlo en la dosimetría de referencia en radioterapia y tomando las riendas, al finalizar el siglo, en la elaboración del protocolo TRS 398, quizá su obra cumbre. En el CDR estuvimos muy orgullosos de ello. El Comité siguió trabajando hasta 1997 en que decidimos disolverlo, después de haber elaborado varios informes, trabajos para congresos y asesorado a organismos como el Ministerio de Sanidad sobre un Real Decreto.

El comité: de pie y de izquierda a derecha, Juan Gultresa, Pedro Andreo y Diego Gómez Vela; sentados y a mi izquierda, Javier Vivanco, Celestina Serrano y José Luis Mincholé.

El Comité de Dosimetría en Radioterapia: de pie y de izquierda a derecha, Juan Gultresa, Pedro Andreo y Diego Gómez Vela; sentados y a mi izquierda, Javier Vivanco, Celestina Serrano y José Luis Mincholé.

P. Unos años después de la publicación del “Protocolo español de dosimetría” se pasó de la referencia de kerma en aire en el seno de aire a la referencia de dosis absorbida en agua. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Qué dificultades supuso?

R. El proceso comenzó en el ámbito internacional al establecerse patrones primarios de dosis absorbida en agua en la energía del cobalto en unos pocos laboratorios nacionales, empleando diferentes métodos, esencialmente, el calorimétrico con grafito y agua y el ionométrico. El CIEMAT, viendo la evolución hacia la dosis absorbida en agua, comenzó a preparar su patrón secundario en 1990. Sus cámaras Shonka con sus camisas de PMMA se calibraron en dosis absorbida en agua en 1993 frente al patrón ionométrico del BIPM y se dio cuenta de su existencia en el Congreso de Salamanca de 1995. En otras palabras, el patrón español estaba listo en esta fecha pero el proceso de calibración no era tan simple ni tan corto en duración como cuando se calibraba en unidades de kerma en aire. Una campaña de calibración, en unidades de dosis absorbida en agua, no era posible realizarla en la unidad de cobalto del Hospital 12 de Octubre, por otro lado saturada de pacientes hasta bien avanzada la tarde. Hubo que esperar a que, por fin, el CIEMAT dispusiera de una unidad de cobalto en sus instalaciones. Durante varios años, en los que la colaboración de Ana Gonzalez Leitón fue esencial y determinante, hubo que luchar, discutir y convencer en el CIEMAT para conseguir ubicar, al fin, el futuro laboratorio en un recinto ya blindado procedente de un reactor rápido experimental que se había desmantelado. Hubo que esperar, una vez más, alguna concesión o generosidad, en esta ocasión la del Ministerio de Sanidad, el Hospital Miguel Servet de Zaragoza y la Diputación General de Aragón, plasmada en el regalo de un cabezal de Theratrón 780, y luego esperar a la disponibilidad, en octubre de 1999, de una fuente de cobalto decaída procedente del Hospital Nª Sª de Aránzazu de S. Sebastián.

En el año 2000 se publicó el protocolo de la OIEA, el decisivo TRS 398, y en el Congreso de Málaga de 2001 la SEFM decidió en una mesa redonda adoptarlo para nuestro país. El “Protocolo español de dosimetría” de 1984-87 se abandonaba sustituyéndolo por el TRS-398 de 2000, pero con la peculiaridad muy satisfactoria para todos de que la mano de la física española aparecía en la confección de ambos. El CIEMAT realizó la primera campaña de calibración, ya en su sede y en unidades de dosis absorbida en agua en el año 2003 a la que asistieron 60 centros hospitalarios. Hay que decir que la cicatera inversión del CIEMAT en este laboratorio se amortizó con esta campaña.

Trabjando en el patrón de dosis absorbida en agua.

Trabajando en el patrón de dosis absorbida en agua.

P. De tu trabajo en los laboratorios de calibración de la JEN-CIEMAT, ¿de qué te sientes más satisfecho? ¿Hay algo que no hayas podido hacer?

R. De todos los laboratorios en los que participé en su puesta a punto, mi mayor satisfacción corresponde a los de niveles de terapia. Fue mi comienzo con los rayos X, es obvia su importancia, y seguí en todo el consejo del Prof. A. Allisy cuando volví a España: “Sr. Brosed nunca suelte la radioterapia. Es lo que más importa”.

Sobre lo que no pude hacer lo tengo muy claro, es la espina de mi estancia en el CIEMAT. No pude evitar, debido a averías graves y desvío del escasísimo personal disponible en los años 90 hacia otras áreas consideradas prioritarias, el abandono de un laboratorio primario de rayos X blandos que significaba el trabajo de Ernesto Molina y mío durante 13 años. Se calibraron cámaras usadas en terapia superficial en tres grandes campañas a lo largo de solamente siete años desde 1981 a 1987. Ahora, mis compañeros del CIEMAT tratan de aminorar ese desastre poniendo a punto la cámara patrón primaria que se diseñó, se construyó en España y se comparó en el BIPM en 1979.

Todavía recuerdo el viaje con ella al BIPM, en mi Renault 6, en compañía de Carlos Enrique. ¡Qué ilusión y qué osadía!

P. Has hecho del rigor una de tus señas de identidad. ¿Eres consciente del desasosiego que genera tu presencia cuando algún colega tiene que defender su trabajo públicamente?

R. Si lo dices tú Damián, igual es verdad lo del rigor, pero habiendo trabajado en metrología y siendo el rigor consustancial con esta disciplina, puede que se trate de un problema de contagio. Y quizá, y con el paso de los años, el rigor se haya pasado también al lenguaje. Lo admito, pero me preocupa lo de causar desasosiego. No debería ser así, sobre todo, cuando usando el turno de preguntas se señalan observaciones o posibles correcciones a la exposición o trabajo de un colega, con el debido respeto y educación. Es cierto que en alguna ocasión y por la quizá “dureza” de la corrección, se le podía decir en un aparte, pero en este caso el auditorio no se enteraría y no hay razón para considerar a todo el auditorio, más conocedor, inteligente, exacto o preciso, que el colega.

Si quiero ser sincero en lo referente al lenguaje, es verdad que se me llevan los demonios cuando oigo “estándares” en lugar de normas, o lo que se lleva más recientemente, “adaptativa” en lugar de adaptada o adaptable, dentro de la moda reciente de las terminaciones en “iva”, por no hablar de “testado” como si se hubiera salido de la notaría. Sé que es una guerra perdida, pues es tan simple como que haya mucha gente que hable de esta manera, pero aun así los veteranos tenemos la obligación de llamar la atención y defender el castellano, cuando sobre todo, y al parecer, se echa la culpa de ese mal uso del idioma a la falta de tiempo y al estrés, como me dijo un colega en el Congreso de Pamplona: “Sr. Brosed no tengo tiempo de mirar el diccionario”.

El curso de "Metrología y calibración en radiaciones ionizantes y en el área de la radiofísica hospitalaria" (2ª edición de las 3 que hubo). Se hizo en el CIEMAT y fue en noviembre de 2003.

El curso de “Metrología y calibración en radiaciones ionizantes y en el área de la radiofísica hospitalaria” (2ª edición de las 3 que hubo). Se hizo en el CIEMAT y fue en noviembre de 2003.

P. Has sido el coordinador del módulo “Medida de la Radiación” del curso “Fundamentos de Física Médica” que se celebra en Baeza desde 2004, y este año has decidido dejarlo, ¿qué te ha llevado a tomar esta decisión? ¿Qué han significado estos cursos para ti?

R. Han sido dos los motivos para dejarlo después de 11 años y ya con 78 años. El primero es, créeme, que cuando los años se van acumulando notas que la angustia y la preocupación por hacerlo bien van creciendo sin encontrar otra explicación que los años y esto repercute en las clases sin duda. El segundo motivo que ha sido el determinante, sin el cual hubiera seguido, es el haber encontrado un continuador mejor que yo, muy competente, ducho ya en dar clases en el CIEMAT, y joven pero a la vez ya veterano en metrología.

En mi actividad de enseñante debo reconocer que han sido los 11 años más felices de mi vida. Era de lo más ilusionante ver llegar cada enero y encontrarte con tus amigos profesores y ser consciente, año tras año, de la utilidad objetiva, auténtica y real de este curso, como es el de ayudar a completar la educación de unos colegas. Esta ilusión, que tan bien sabe transmitir Teresa Eudaldo, sí que la echaré en falta.

En el magnífico patio del Palacio de Jabalquinto, en Baeza, sede permanente de los cursos "Fundamentos de Física Médica" que la SEFM organiza anualmente.

En el magnífico patio del Palacio de Jabalquinto, en Baeza, sede permanente de los cursos “Fundamentos de Física Médica” que la SEFM organiza anualmente.

P. ¿De qué te sientes más satisfecho en tu carrera profesional?

R. Después de decir que he trabajado en lo que me ha gustado, un privilegio considerable que de por sí es ya una satisfacción, yo diría que es la cantidad de amigos que, debido a mi trabajo seguramente, se reparten por toda España. A mi edad, sinceramente, es lo que más aprecio.

Ana González Leitón, el desaparecido Miguel Fernández Mayoralas y yo, junto a la unidad de Cobalto de nuestro laboratorio.

Ana González Leitón, el desaparecido Miguel Fernández Mayoralas y yo, junto a la unidad de Cobalto de nuestro laboratorio.

P. ¿De qué menos?

R. Pues quizá de haber vivido en una sociedad, la española, que al lado de muy buenas cualidades ha tenido, y sigue teniendo, muy poca fe en la investigación y la ciencia. No creo que sea culpa de los gobernantes, como algunos piensan, pues éstos nacen de esa sociedad y luego se reintegran a ella. Creo que es un defecto español y además genético.

P. Tu hija Maria Luisa ha seguido tus pasos y es especialista en radiofísica hospitalaria, ¿qué te hace sentir esto?

R. Por su actividad profesional, de mis cuatro hijos, es con la que más charlo y discuto obviamente. Creo que es buena gente, muy responsable y tan cabeza cuadrada como yo, me refiero a eso del rigor… Por lo tanto me siento orgulloso de ella y es la que me recuerda de manera permanente mis lazos con la SEFM. No obstante, ahora con mis años y con mucho más tiempo disponible para hablar y reflexionar, creo que hubiera sido una excelente metróloga.

P. Has ejercido una importante influencia en los físicos médicos españoles a lo largo de toda tu carrera. ¿Qué le dirías a quienes quieren dedicarse a esta profesión?

R. Esperando que esa influencia haya sido beneficiosa, no quisiera hacer ahora de abuelo Cebolleta, pero en fin trataré de hacer una especie de receta, dando por sentado que sin esfuerzo en el estudio y en el trabajo no se consigue nada en ninguna actividad. Les diría cinco cosas, sin ánimo de pontificar:

1ª. Ser consciente de lo que significa la física médica y tratar de alcanzar la mayor afinidad posible con esta profesión.

2ª. Hay que tener un espíritu de servicio en grado muy considerable. Si no lo tienes, mejor es dejarlo.

3ª. No hay que tener prisa ni angustiarse por alcanzar unos objetivos. Todo llega con trabajo y algo de paciencia.

4ª. En el desarrollo de los trabajos hay que ser consciente de la sociedad en que vives, de sus virtudes y, sobre todo, de sus defectos. Si fueras bastante intransigente con esto, mi recomendación sería ir al extranjero, pero eligiendo bien.

5ª. Creo que la física médica tiene bastante de vocacional y de sacrificio. Esta ocupación, para los que quieren trepar o ganar mucho dinero, puede ser muy frustrante.

(30-6-2015)

7 Respuestas a “Desayuno con Antonio Brosed

  1. Magnífica entrevista, enhorabuena a ambos.

    Ir a calibrar con Antonio, con Miguel y con Ana, era una experiencia muy recomendable para todo radiofísico. Han dejado allí una magnífica escuela, con Paz y Cristina. Un equipo de lujo que ha aportado quilates a la profesión. Coincidí también en el Ciemat, durante el curso de jefe de PR de 1993, con una magníficas lecciones que fueron un referente en mi carrera. En aquellos días fui a su despacho para pedirle un material de estudio y estuvimos charlando de la inminente puesta en marcha de nuestro acelerador en Granada, entonces Antonio cogió de su mesa una caja azul de polipiel y la abrió como si abriera un tesoro. Era una cámara planoparalela NACP, un “prodigio” de diseño que se convirtió en el estándar (uy, perdón, Antonio :-) ) de la dosimetría de electrones. Desde entonces tengo especial cariño a esa cámara, y ni las modernas Roos pueden sustituirlas en lo profundo de mi corazoncito metrológico.

    Lo dicho, enhorabuena por esta merecida entrevista.

  2. Me ha resultado muy interesante la entrevista y en especial la lista de consejos final. Son reflexiones que sólo puede hacer alguien con un largo camino recorrido en la profesión y que se atreve además a echar la vista atrás con calma y satisfacción.

  3. Me uno a las felicitaciones de mis compañeros. Un lujo y un placer leer esta entrevista.

    Estoy de acuerdo en que la poca fe de la sociedad española en la investigación y la ciencia no es culpa de los gobernantes, pero no creo que sea un defecto genético español, ni el clima ni las ganas.

  4. Guardo un buen recuerdo de Antonio Brosed del curso de metrología de 2004. Es cierto que tal vez los radiofísicos de mi generación no hayamos conocido con detalle sus logros (valga esta entrada como remedio); pero entre nosotros goza de un aura de gran profesionalidad y rigor que deberíamos aplicar en la medida de los posible. Me sumo además al amor que tiene por nuestra lengua en el desempeño de nuestra profesión.

    • Muchas gracias por tu puntualización Xavier. En efecto, lo ha recogido la RAE y ya no me podré quejar, pero me sigue llamando la atención la adaptación de palabras inglesas al castellano, como es este caso, cuando existen las genuinas españolas. Como dije es una batalla perdida, basta utilizar mucho una palabra… y la RAE la toma y la recoge en el diccionario. Gracias por tus amables palabras y hasta cuando quieras.

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